Carta a Lauren Postigo

Temístes la muerte: ¿quién no la teme, toda ella vestida de luto y acechándonos, sin miramientos ni compasión?. Pero más que a la propia muerte, lo que, realmente, temístes fue que aquella te la propiciase tus propios orígenes. Aquellas mísmas calles empedradas de adoquines, de desiertos polvorientos y proclives a hospedar circos ambulantes. Como aquel en el que te enrolastes a la temprana edad de doce años, para poder "bailar" la palabra en tus recitales.
Es cierto que la propia muerte te ha sorprendido, como más tarde o antes nos llega a sorprender a todos. Pero hoy yo me pregunto sobre quién sería quien te tomase de la mano en tu lecho. Como, años atrás, tú tomastes la de tu madre que descansaba en la cama de su dormitorio en tu pueblo onubense de NERVA. Nunca antes habías logrado dar tanto sentido a aquellas palabras que, al entrar por tus oidos, retumbaban en tu mente: "¡Lauren! ¡Lauren!... ¡Lauren, hijo mío...: ¡Levántame! ¡Levántame!".
"...y cerré la puerta y me dijo: "¡Cógeme la mano!". Tal era la profundidad y resonancia de aquellas palabras, que permanecístes en el cuarto hasta que alguien irrumpió para anunciarte que de quien sostenías la mano ya había marchado para siempre. No así de lo que siempre quedaría contigo.
Pués pese a tu gran excepticísmo y pragmatísmo, pensastes que algo siempre quedaría. "¡Llámalo recuerdo, llámalo espíritu, llámalo alma... porque entre aquella mujer que me decía: "¡Levántame!" y aquel ser que se iba quedando, cada vez, más vacío y con una frialdad sobrenatural... ahí dentro había algo. Había materia viva: ¿dónde se ha ido todo aquello?.
Discurriendo sobre tu propia muerte, siempre te mostrastes reacio a hacerlo en tu pueblo. No pese a lo que muchos pudieran pensar... "ante una confragación tremenda en España, cuento con la plenísima seguridad que nunca iría a mi pueblo". Así recordábamos como fue precisamente su pueblo quien asesinó a Federico Garcia Lorca.
"Porque ése es el tremendo problema latino, más acentuado que en la cultura anglosajona. Tal vez por indiosincrasia, por orientalísmo,por predestinación, por cierto sentido del rencor... ¡vete tú a saber porqué!".
Para tí España es un país de grandes méritos, pero, también de grandes rencores. Donde la envidia es el emblema nacional. "No te perdonan un triunfo. Y, además, te levantan y, después, cuando estás arriba, te quieren tumbar y quieren poner a otro. Eso es así. Somos un país donde triunfar es muy dificíl y ser incombustible mucho más. Porque aunque hagas treinta y cincomil cosas extraordinarias de buenas, si haces la más mínima equivocación... ésto lo borra todo, no recuerda nadie lo bueno".
Todo aquello y por mi contrariedad al encontrar tal persona, con el historial cargado sobre tus hombros, acosado por el propio desprecio de sus orígenes... me llevó a intentar conocer tus motivos, tus pensamientos, tus ideas, tus añoranzas, tus orígenes... el recuerdo de Sor Feliciana golpeando los punzones de los dedos con una regleta. Fue así como fluyeron nuestras primeras palabras, aderezadas por el sabor del culantro. Desde aquel momento brotaron con suma naturalidad, encontrando en ellas un sumo respeto por tu vida. Por lo que en ella se te deparó.
Hoy, Lauren: cuando son muchos los vecinos que se resisten a llorar tu pérdida, queda tu obra. Que siempre permanecerá oculta para aquellos ojos que no quieran ver, para aquellos oídos que se resistan a escuchar y agena a todas aquellas palabras obstinadas en hablar, en comentar, en calumniar que tú no quisistes a tu pueblo de Nerva. Porque recharazán la realidad de tu voluntad, en la que, sin existir el tiempo nunca justo, ni suficiente... recreastes en Letana. Ese paraje perdido entre la realidad, el sueño, la añoranza, el recuerdo... de una infancia perdida en el tiempo, entre adoquines ilustrando el asfalto y calles polvorientas.
Nadie quiso. Nadie ha querido. Nadie querrá ver que el hambre llevaba a tus vecinos a arrastrar de sus cabezas los piojos, liendres y otros parásitos. Lauren, porque nadie querrá ver, o no está dispuesto a ver... que en vez de bocadillos de jamón serrano, tenían que compartir hogazas de pan regadas con gotas de aceite de oliva y azúcar. En aquellos patíos con perfume a azahar y cromatísmo de azucenas, pétalos de rosa y macetas de geraníos. Seguirán defiendiendo que "quien olvida su pasado, no sabrá afrontar el presente para retar, con fuerzas, al futuro"... aunque se resistirán a ponerlo en práctica.
LETANA ADEMÁS DE SER: NERVA... LETANA, ES TU SOLLOZO, TU LAMENTO.